Guitarras

Manuel Ramírez

Luthier Manuel Ramírez (1866-1916). Nació en Alhama de Aragón provincia de Zaragoza, en 1866, desde muy joven se trasladó a Madrid con su hermano José, donde se establecerían como constructores de guitarras, trabajando juntos por espacio de varios años.

Se independizaron al establecerse Manuel por su cuenta, fijando su taller en la calle de Arlabán nº11, construyendo guitarras que fueron apreciadas por los concertistas, mientras los instrumentos Ramírez alcanzaban fama internacional.

En poco tiempo se creó un gran prestigio, no sólo como constructor de guitarras, sino también de violines. Asimismo continuó la escuela iniciada por su hermano, y los guitarreros que formó fueron más tarde reconocidos entre los mejores. Estos discípulos fueron Santos Hernández, Domingo Esteso y Modesto Borreguero.

Dado el éxito que obtuvo la «guitarra de tablao» diseñada por su hermano José, Manuel continuó construyéndola, pero poco a poco fue desarrollándola y perfeccionándola hasta conseguir un instrumento que, aún hoy, sigue sirviendo de modelo para este tipo de guitarra. Allá por el año 1912, entró un día en el taller de la calle Arlabán un guitarrista de aspecto un tanto extravagante con la intención de alquilar una guitarra de clásico. Ante lo inusitado de la petición, así como el aspecto del visitante, Manuel decidió seguirle la corriente por curiosidad, y le dejó una guitarra para que la probara. Después de escuchar al joven tocar, Manuel se quedó tan maravillado que decidió regalársela. Aquél prodigioso concertista, que por esa época tocaba en las tabernas a cambio de un café, era Andrés Segovia. La guitarra que Manuel le regaló se encuentra ahora expuesta en el Metropolitan Museum de Nueva York.

Fue reparador en el Conservatorio de Música de Madrid, lo que despertó en él la inquietud por construir instrumentos de arco, empezando por hacer violines que le dieron una gran satisfacción profesional, para acabar construyendo violonchelos con notable resultado.

Sus violines son de bella manufactura, bóvedas perfectamente bien conseguidas, cabeza muy bien tallada al estilo de Stradivari, teniendo la sonoridad buena sin ser muy potente; únicamente se le puede reprochar que el barniz que empleó es muy seco y poco resistente al uso.

Falleció en Madrid en 1916, después de una vida totalmente dedicada a la luthería y plena de éxitos.